GigantesCrítica

+18

Calidad del contenido

Satisfacción


Calidad del contenido: 3´5/5

Violencia: + 18

Miedo: +16

Sexo: + 16

Drogas: +18

Conductas imitables:+ 18

Lenguaje: +18

La trayectoria de Enrique Urbizu (Bilbao, 1962) tiene muchos altibajos, y es evidente que la serie «Gigantes» se encuentra entre sus grandes aciertos junto con películas como «La vida mancha», «La caja 507» o «No habrá paz para los malvados». Todos comparten esos personajes de cine negro ibérico que retrata como casi nadie. Lejos de ese género, el director se convierte en uno de esos realizadores de «españoladas» que envejecen nada más nacer tanto en televisión («Las aventuras del Capitán Alatriste», «Pepe Carvalho») como en cine («Cómo ser infeliz y disfrutarlo», «Cachito», «Cuernos de mujer»).

En «Gigantes» hay también aspectos mejorables, casi todos relacionados con el personaje que interpreta José Coronado con notable esfuerzo. El problema no es del actor, el intérprete favorito de Urbizu, sino del guión, que desarrolla un personaje desmadrado, de una perfidia demasiado excéntrica con un arco dramático muy elemental. Más suerte han tenido los personajes de los hermanos Guerrero, los hijos del mal bicho interpretado por Coronado. Isak Férriz, Carlos Librado «Nene» y Daniel Grao consiguen personajes más ambivalentes, crueles y atractivos en su condición de herederos de una sangre salvaje. Los tres actores están superlativos, especialmente Nene, cuya vulnerabilidad genera una mayor empatía con el espectador.

Se echa de menos un mayor desarrollo de los personajes femeninos. Tienen sangre y poderío Yolanda Torosio y Sofia Orio como mujer e hija del heredero del clan Guerrero, pero Juana Acosta merecía mucho más. La colombiana es una de las gigantes del cine español y su personaje queda muy reducido a ser la amante sensual del político prepotente en pocas escenas de escaso interés dramático. Tampoco el personaje de policía infiltrado que interpreta Xenia Tostado sale del estereotipo de mujer que utiliza el físico como herramienta de trabajo.

En los 6 capítulos de esta primera temporada hay algunos momentos en que la historia pierde fuerza pero tiene dos episodios (el segundo y el último) que funcionan a la perfección. Urbizu acierta con una planificación y una edición sin excentricidades pero con mucha personalidad, muy eficaz en los momentos de acción y violencia brutal. Pero en dónde el cineasta se muestra más hábil es en los diálogos que tensan la cuerda sin llegar a romperla. Ahí se observa el apoyo de los guionistas Miguel Barros, Manuel Gancedo y Michel Gaztambide, y del director Jorge Dorado, un equipo habitual del director vasco. Los apuntes más salvajes se limitan a escenas puntuales e imprevistas, preparados con pausa y detalle, como el mejor cine negro clásico. No hay vísceras en primeros planos, ni sexo detalladado a cámara lenta ni torrentes de sangre, algo que caracteriza a títulos similares. Se nota que el director mide el impacto para no llegar a ser ofensivo sin dejar de mostrar la enorme crudeza de la historia.

También se agradece la presencia del compositor Mario de Benito, otro fiel compañero de viaje de Urbizu con el que ya había trabajado en películas anteriores. La música aporta un tono peculiar de mafia de barrio mediterránea que hace que la serie consolide un sello propio.

Habrá segunda temporada y llegará en 2019, pero seguro que esta primera sesión tendrá mucho eco en los grandes premios de la televisión a principios del año que viene.

 

Sobre el crítico

Claudio Sánchez de la Nieta

Crítico de cine y televisión de iCmedia, Aceprensa y Fila Siete. Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid.

Violencia

Miedo o angustia

Sexo

Discriminación

Drogas

Conductas imitables

Lenguaje

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