La VerdadCrítica

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Mediaset ha tardado dos años en presentar esta serie policiaca que tiene un reparto muy conocido. No es casualidad. Este culebrón no teja de retorcerse hasta asfixiar por completo a la trama y los personajes. Los diálogos artificiales, la música de telenovela ochentera, las interpretaciones exageradas (lo de Lydia Bosch no tiene nombre)… Es difícil defender algo de una ficción que parece trasnochada, como recién llegada de una época muy pretérita del cine y la televisión española.

 

Los creadores de la serie (Aitor Gabilondo y César Benítez) han realizado anteriormente otras populares ficciones: El Príncipe y Allí abajo. Se nota que tienen experiencia en televisión y conocen los resortes de la intriga. En cada capítulo hay giros milimetrados para mantener el interés del espectador dejándole siempre con la sensación de que aún le queda mucho por saber. Pero esta multiplicación de nuevos elementos de intriga es tan recargada y tramposa que no aguanta un cierto espíritu crítico.

Los fallos más imponentes están en el guión y, de una manera especial, en el diseño de unos personajes que nunca generan empatía ni confianza. Ese detective con efecto despeinado permanente y voz quebrada, el elemental dueño de prostíbulo o el poderoso señor McMahon. Hay mucho cartón piedra para que la historia aguante una interminable temporada de 16 capítulos de una hora de duración.

Lo más valioso de la serie es la interpretación de Elena Rivera que genera inquietud con su perverso y desconcertante personaje.

Sobre el crítico

Claudio Sánchez de la Nieta

Crítico de cine y televisión de iCmedia, Aceprensa y Fila Siete. Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid.

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