Sex EducationCrítica

+TP

Calidad del contenido

Satisfacción


Calidad del contenido: 3/5

Violencia: +16

Miedo: Todos

Sexo: + 18

Drogas: + 18

Conductas imitables: +18

Lenguaje: +18

En apenas dos meses se ha convertido en el fenómeno seriéfilo de 2019. Con una estética ochentera al estilo «Stranger Things», esta ficción tiene una mezcla original a la hora de mostrar abiertamente la sexualidad de adolescentes actuales -habitualmente promiscuos y con innumerables complicaciones físicas y psíquicas derivadas de estos hábitos-, con un tono amable e incluso inocente de los jóvenes. En esa línea destaca el protagonista interpretado por Asa Butterfield («La invención de Hugo», «El juego de Ender»). Este terapeuta sexual de instituto es un experto en el tema ya que su madre es una sexóloga empeñada en hablar abiertamente a su hijo de estos temas. Sin embargo él no es un precisamente un lobezno adolescente sino más bien todo lo contrario: conoce toda la teoría pero desconoce una práctica que va ligada a un cierto trauma.

La creadora de esta serie es la primeriza Laurie Nunn, que ha pasado de ser la escritora de 3 cortometrajes sin gran repercusión a ser una de las guionistas de televisión más cotizadas en todo el mundo. En sus declaraciones explica con mucha claridad los objetivos de esta serie. “Personalmente creo y me siento muy cercana a la positividad sexual del cuerpo y  el feminismo, y eso se manifiesta en el guion. En el grupo de guionistas nos dimos cuenta de que es bastante universal que las conversaciones sobre sexo sean realmente incómodas y vergonzosas. Verdaderamente no puedes tenerlas con tus padres, tus maestros o tus compañeros, pero que son realmente esenciales para que puedas tener relaciones sanas y abiertas con otras personas”.

“Sex Education” se presenta por tanto como la serie que pretende entretener a los adolescentes y reeducarlas en sus lagunas con un discurso sobre la sexualidad optimista que busca “descomplicar” las posibles dificultades en la adolescencia. Tal y como dice el protagonista de la serie en uno de sus consejos terapéuticos más eficaces: “No importa lo que la gente piense. Tú eres quien eres, no dejes que te quiten eso. Enorgullécete de tu cuerpo y de tu herencia, porque no te librarás de ellos. Aprovecha lo que tienes”. Este tipo de mensajes buenrollistas sirven para que la serie presente una apariencia de profundidad madura y humanista, incluso de preocupación por los demás, que es profundamente engañosa y simplista.

Es evidente que la sexualidad adolescente genera actualmente innumerables conflictos legales y disfunciones psicológicas en países donde se ha incrementado notablemente la precocidad sexual. Ese ambiente se recoge bien en la serie, pero la solución que se da es tremendamente epidérmica y previsible. La única regla de comportamiento que sugiere es que hay que poner los sentimientos y la libertad en primer lugar, despreciando que la interioridad del ser humano también tiene voluntad, razón, naturaleza… Está bien que a uno le recuerden que el sexo real no es perfecto ya que el ser humano no es perfecto, pero con eso no basta para solucionar los problemas de una generación que vive demasiado expuesta a mensajes de utilitarismo sexual.

Tampoco resultan convincentes en la serie los numerosos “speech” sobre afectividad. En concreto es especialmente significativa una escena del capítulo 7, casi al final de la temporada. En medio de una fiesta del instituto y ante la mirada de todos los alumnos, un chico se intenta suicidar porque está enamorado de una chica que no quiere ni verle. El joven terapeuta se siente interpelado e intenta convencerle con un diálogo que no tiene desperdicio:

“Mira, a veces la gente que nos gusta no nos corresponde. Es doloroso pero no podemos hacer nada. Sí, lo entiendo. Sé lo que es que no sientan lo mismo por ti, y no dejar de pensar en ello. Duele pero no puedes forzar a nadie. El amor no se consigue con gestos, ni con la luna y las estrellas, es pura suerte. A veces conoces a alguien que siente lo que tú y a veces no tienes suerte, pero algún día darás con alguien que te quiera como eres. Hay 7000 millones de personas en la Tierra y una de ellas se colgará de la Luna por ti. Eres genial, un tío comprometido. Algún día harás muy feliz a alguien y no ocurrirá si te tiras de ahí y te mueres”.

Con estas líneas queda resumida una afectividad moderna y perfectamente esclavizada por el sentimentalismo y la superficialidad. Un pensamiento débil que no tiene ningún inconveniente en vender mensajes que suenan bien y que sirven para justificar comportamientos egocéntricos de una sexualidad compulsiva y deshumanizada. Ni que decir tiene que despejar con tanta facilidad un asunto tan complejo como el suicido juvenil resulta bastante criticable. No es el único conflicto adolescente solucionado con un par de citas de autoayuda para envoltorios de caramelo. Ahí está por supuesto la aceptación de las drogas blandas, toda la ideología de género, el aborto al que se dedica el capítulo 2, los malos tratos o las redes sociales como vía de destrucción de la fama de jóvenes inocentes.

Todo queda suavizado con un tono de comedia nostágico y una simpatía innegable de los personajes interpretados con espontaneidad por un reparto estupendo. No resulta extraño que en algunos medios se haya presentado esta serie sobre adolescentes como “la serie que deberían ver nuestros hijos”. Netflix no podría firmar una mejor autopromoción.

Sobre el crítico

Claudio Sánchez de la Nieta

Crítico de cine y televisión de iCmedia, Aceprensa y Fila Siete. Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid.

Violencia

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